Conectando y Sanando el niño/a interior

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El niño interior es nuestro subconsciente, aquella parte donde quedaron registradas todas las situaciones de dolor, traumas, creencias y emociones, así como también las experiencias agradables. Muchas personas suelen creer que ya no tienen nada que ver con aquel niño (o niña) sensible, puro y travieso que fueron en la infancia, y eso no es así. Todos conservamos en nuestro interior aquel niño que fuimos alguna vez.

La imagen del Niño Interior es un símbolo mental, que conecta directamente con todos los sentimientos, recuerdos y vivencias de nuestra infancia. Es nuestro YO ESENCIAL más nuestro YO HERIDO.

 

El yo esencial es nuestra verdadera esencia del ser, es nuestra sabiduría natural y nuestra intuición, nuestra curiosidad y nuestra capacidad de asombro ante las cosas, el lado no herido del alma, nuestra personalidad, el niño interior en su estado más puro.

 

El yo herido es aquella parte que pudo haber recibido tanto maltratos como falta de amor y que lleva consigo todos los miedos y falsas creencias que conllevan estas experiencias. Es el lado herido del alma, el niño interior asustado y herido que se ha quedado sin recibir lo necesario para creer de manera adecuada y que aprendió a ser un adulto no amoroso.

 

Pero nuestro/a niño/a interior no nos sirve solamente para conectar con nuestro interior (lo que ya en sí es algo importantísimo) También nos proporciona una forma sencilla, eficaz y amorosa de reparar nuestro pasado. Es como si fuera tu corazón mismo, donde puedes nutrir tu alma al nutrirle a él/ella. Simboliza tu capacidad de entrega y de amor. Todo comienza con el niño, pues lo vive todo de una forma libre, impulsiva, sin reflexión. Luego, la experiencia y sus consecuencias hacen que vaya reprimiendo sus impulsos. Se va encorsetando. Y estas emociones reprimidas son las que más adelante provocan dolencias físicas y psíquicas. Todo esto que está almacenado dentro de ti se reproduce hoy.

Nos vamos a curar de manera natural solo cuando nos conectemos con las emociones reprimidas y nos permitamos experimentarlas y expresarlas.

Nuestro/a niño/a tiene buenas razones para sentirse como se siente; respétalo, respeta su dolor.

El primer paso para ayudar a sanar aquellas heridas es dejar que nuestro niño se exprese, que se lamente por todo aquello que ha hecho que sus necesidades no hayan sido satisfechas. Con el conocimiento de nuestra historia y de nuestros sentimientos llegamos a conocer a la persona que somos y aprendemos a darle lo que necesita vitalmente y que nunca recibió de sus padres: amor y respeto.

Hay que abrazar el dolor con comprensión, ser el adulto amoroso que lo abraza, lo escucha, lo comprende, lo atiende y le explica con mucho amor que todo eso que está sintiendo forma parte del pasado y que son unas memorias que es necesario dejar ir.

Al darle al niño aquello que necesita (apoyo, cariño, protección), al explicarle las cosas, al desculpabilizarlo, como por arte de magia, tu estado de ánimo cambia al momento. Si visualizas al niño interno cuando estás sintiendo una enorme soledad, a lo mejor lo verás en una esquina, muy triste. Si el Adulto actual, mediante la visualización, lo coge en brazos, lo consuela y le da un abrazo lleno de calor, la soledad se va y empiezas a sentirte bien.

Así, puedes llenar tus propias carencias de amor y también la falta de dirección y consejo.

El amor hacia uno mismo repara el dolor de la infancia; está en tus manos sanar tus emociones.

 

Una respuesta

  1. evamiralles

    Gràcies! Una abraçada.

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