COMO TRANSFORMAR LAS CREENCIAS LIMITANTE

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La mayor herramienta de transformación que existe es nuestra mente.

La realidad que nos envuelve no es más que la percepción que de ella hacemos desde nuestro yo interior. Así, todo lo que nos rodea (salud, amor, amistad, dinero…) depende de nuestra realidad interna, ya que a partir de ella respondemos a los estímulos externos, y por tanto los moldeamos y transformamos.

Tenemos el poder de cambiar todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida. La dificultad está en que nuestro interior está cargado de creencias e ideas preconcebidas que nos entorpecen y nos limitan a la hora de actuar.

Las creencias están alojadas en nuestra Mente Subsconsciente, y generalmente se instalan en ella en nuestra primera infancia. Durante nuestros primeros años de vida absorbemos todos los ímputs que nos llegan del exterior sin filtrarlos, ya que aún carecemos de criterio y discernimiento propios. El entorno en el que nos hemos criado, y especialmente nuestros padres, se convierten en los principales escultores de nuestro sistema de creencias, y por tanto moldean nuestra escala de valores, nuestros miedos, inseguridades e ideas acerca del mundo y nuestro papel en él.

Si a un/a niñ@ se le dice continuamente que es torpe, es muy probable que acabe creyendo firmemente en su torpeza, y por tanto provocándola a cada paso (o evitando dar pasos por miedo a demostrarla).

Hay muchos ejemplos de creencias limitantes: acerca del amor (“el amor verdadero no existe”), del dinero (“el dinero es algo sucio”), de la vida en general (“la vida es sacrificio”)… Y, aunque aquí escritas se vean como algo muy claro, muy fácil de detectar, no lo son, ya que las tenemos grabadas en lo más profundo de nuestra mente y muchas veces ni siquiera las verbalizamos. Simplemente, permitimos que dirijan nuestra vida desde la retaguardia, conteniendo nuestro verdadero potencial, haciéndonos sentir inferiores, pequeños, no merecedores de ser felices.

El primer paso para desterrarlas de nuestras vidas (porque sí… pueden ser desterradas) es, obviamente, identificarlas. Para ello hay que hacer un trabajo muy sincero de introspección, estar dispuestos a bucear en las aguas profundas de nuestros pensamientos más recónditos, e ir sacando a la luz esas ideas que han regido nuestra existencia sin apenas darnos cuenta. Quizá has creído siempre que eras torpe porque tu madre te lo repetía a menudo, o que las parejas no pueden ser felices porque el amor verdadero es una utopía (porque tus padres se lo decían el uno al otro en el marco de un matrimonio desdichado). Y quizá ésos sean los motivos por los que nunca te atreves a hacer deporte (no vayas a caerte, torpe) o a tomar la iniciativa e invitar a salir a esa persona que tanto te gusta (¿Para qué? Total, seguro que no sale bien).

Una vez identificadas estas creencias, el camino a seguir es positivizarlas. Es decir, transformar el mensaje negativo (“Nunca encontraré el amor”) en un mensaje positivo (“Merezco encontrar el amor, y soy capaz de hacerlo”).

La manera de interiorizar esta nueva creencia es visualizarla de una manera clara durante 21 días, ya que éste es el tiempo que nuestra mente y organismo tarda en cambiar un hábito. Así, un mensaje positivo visualizado en tu mente con fuerza y convicción a diario durante 21 días acabará tan instalado en tu subconsciente como había quedado el anterior mensaje negativo. Y esto provocará que tu estado de ánimo, tu disposición y tu energía se canalicen de la manera correcta para conseguir aquello que deseas y necesitas para ser feliz.

Es muy importante no reproducir este tipo de mensajes negativos, ni ante nosotros mismos ni ante, especialmente, niños pequeños que pueden convertirlos en sus propias creencias limitantes. Para ello, hay que tomar conciencia del tipo de lenguaje que utilizamos a la hora de verbalizar nuestros pensamientos y ser capaces de reprogramarlo para convertirlo en una herramienta de transformación positiva.

Un buen ejercicio para cancelar creencias es el siguiente (a realizar durante 21 días seguidos, sin saltarte ni uno):

  • Visualiza en tu mente una de tus creencias limitantes (como por ejemplo “nunca tendré amigos de verdad”. Puedes representarlo en tu mente imaginándote rodeado de personas que te dan la espalda.)
  • Una vez tienes esa imagen en tu mente, dale con un tampón rojo (como los que se utilizan como matasellos) que deje sobre ella la palabra “Cancelado”. Dale tres veces, de modo que quede totalmente cubierta: “Cancelado, cancelado, cancelado”.
  • Esa imagen ya cubierta en rojo y cancelada rómpela en varios pedazos, como si fuese una fotografía que ya no quieres conservar, y quémala con fuego de color violeta, el de la transmutación.
  • A continuación, cambia esa creencia negativa por su forma positiva (en este caso: “Merezco estar rodeado de personas que me quieran y me aprecien”.)
  • Haz de esa nueva creencia una imagen, un sentimiento, y experimenta cómo va llenando tu interior, cómo cala en tu corazón. Siente cómo está en tu mano convertirla en realidad.

Tanto la Kinesiología, con su detección física de desequilibrios orgánicos y emocionales, como el Ho’oponopono, con sus frases sencillas, directas y profundamente inspiradoras (lo siento, te amo, perdón, gracias), pueden convertirse en poderosos aliados en tu camino de reprogramación mental.

Nuestros límites son siempre auto-impuestos. Es hora de empezar a romperlos.

 

Eva

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